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En la INCERTIDUMBRE del camino…

Lo siento amigos; he estado mucho tiempo ausente y en silencio para lograr convocar a mis musas y coger la web con fuerza e ideas nuevas.
Comienza un curso con muchas ilusiones, grandes expectativas (pretendo que además sean realistas) y mucho por hacer. Este “tanto por hacer” es, no solo un propósito más, sino un objetivo. Mío personal y, por qué no, también profesional.
Están siendo momentos de cambio, de nuevos aires, de procedimientos complejos y de ponerse a examen. Y si en todo este proceso -si en el comienzo del camino- algo debo tener claro, es dónde quiero llegar. Es mi objetivo final.

Tanto en nuestro camino vital como en nuestra trayectoria profesional debemos partir de un punto clave: conocernos a nosotros mismos.
El AUTOCONOCIMIENTO, saber cómo somos, qué queremos, cuáles son nuestras fortalezas o nuestros puntos débiles, hacia dónde virar o qué alcanzar, son la esencia para escoger “el camino” correcto.
La vida son elecciones. Nunca sabremos qué opción ha sido la correcta, porque nunca tendremos la certeza de saber qué habría ocurrido de haber escogido otra.
Es el Coste de Oportunidad. Un concepto de Economía que tiene un claro reflejo en la vida profesional, y en nuestra existencia.
Todas las elecciones que hacemos tienen un coste (el coste de “perder” la opción NO escogida) y una oportunidad que es la que nos brinda el camino elegido.
Así, por esta lógica, cuando hacemos nuestra elección, nos toca luchar, andar, pelearnos, arrastrarnos o conformarnos con lo que nuestras elecciones -por esa ruta- nos van deparando.
Y no sabremos -nunca con seguridad- qué estaríamos viviendo en este momento de haber elegido otro camino alternativo.
Estas rutas son, desde los estudios que elegimos (o el hecho de elegir seguir estudiando), la pareja que escogemos, el grupo de amigas, el trabajo y un interminable etc.
¿Qué habría sido de mi si no hubiese estudiado? ¿Dónde estaría ahora mismo? ¿Qué sería de mi si en vez de estudiar ‘x’ hubiese estudiado ‘y’? No habría conocido a quien me ha acompañado desde entonces… No habría disfrutado de las vivencias de entonces… ¿Habría conocido a otras personas tan fantásticas? Así podría estar cuestionándome todo hasta el infinito…

laberintoNunca sabremos la respuesta a estas preguntas.
Es nuestro particular Coste de Oportunidad.
Y partiendo del aquí y del ahora, mi reflexión de hoy no solo tiene que ver con ser conscientes y críticos con lo que somos hoy en día gracias a nuestras elecciones; sino que pretendo que sea un ‘canto’ a la libertad de elección y a la reflexión.
No quiero decir con esto que dejemos nuestra espontaneidad de lado u olvidemos la naturalidad de hacer/decir lo que consideremos libremente. Voy más allá.
Debemos ser reflexivos en cuanto a las decisiones que afectan directamente a nuestro futuro, por ejemplo, nuestros Objetivos Profesionales.
¿Qué es tener un Objetivo Profesional? ¿Dónde me veo dentro de unos años? ¿Dónde me gustaría estar? ¿Qué me gustaría estar haciendo?
Dejando de lado la respuesta obvia de “si me tocara la Lotería…” 🙂 el Objetivo Profesional es aquello que queremos alcanzar en nuestra trayectoria profesional.

Para alcanzar ese objetivo, las decisiones pasan por conocer nuestras capacidades, fortalezas, nuestro potencial, nuestras competencias personales y saber gestionar nuestra motivación y nuestra actitud.

dianaPara planificar un futuro profesional debemos ajustar nuestras expectativas a la realidad (como siempre aconseja mi compañera Susana), ser conscientes del esfuerzo y el tiempo a invertir, y saber con qué competencias técnicas y personales cuento para hacer posible conseguir mi objetivo.
Conocernos, saber cuál es nuestro potencial y, por supuesto, saber dónde queremos llegar, orientará nuestros pasos.
Hacer un ejercicio de reflexión es imprescindible para no tomar decisiones a la ligera (aquellas decisiones que irán marcando poco a poco nuestro futuro).
Es ‘fácil’ querer ganar dinero rápido, sin pensar en “sembrar para el futuro“; pero quizá no es tan sencillo (si nos arrepentimos más adelante) terminar unos estudios con 40 o 50 años, añadiendo otros condicionantes , responsabilidades y, por supuesto, menor tiempo o poco ánimo.
Cuando nos preguntamos dónde nos queremos ver en unos años, la respuesta sencilla NO es la que vale. Lo que realmente cuenta es qué necesitamos para estar ahí. Esta es la verdadera dificultad: desgranar los pasos, destripar el objetivo en pequeñas partes y abordarlas poco a poco.

El análisis de nuestro Objetivo Profesional debe ajustarse a ciertos factores que nos harán abrir los ojos a la realidad del momento:
– ¿Tengo formación específica en lo que quiero trabajar?
– ¿Tengo experiencia en el desempeño del puesto?
– ¿Poseo las competencias requeridas para desarrollar el puesto de trabajo en cuestión?
– Mis cualidades personales ¿son las adecuadas para trabajar de…?
– ¿Son mis competencias técnicas suficientes para ponerme en valor frente a otros candidatos que quieran optar a los mismos puestos de trabajo?
– ¿Conozco el Mercado de Trabajo lo suficiente para saber si hay oferta en aquello que estoy buscando?
– ¿Podría generar la necesidad en el Mercado -en caso de que no haya ‘mercado’ suficiente-?
– ¿Podría emprender y por tanto ofrecer o proponer un servicio ‘diferente’?

Muchas son las preguntas que debemos contestar(nos) respecto a nuestro Objetivo… ¡y es solo el principio!

interrogaciones

Por supuesto que no hablamos de un camino obvio, por más que reflexionemos sobre la ruta ideal, porque no podemos controlar las variables externas a nosotros ni prever situaciones que puedan condicionar el camino; pero sí tendremos más claras nuestras posibilidades de éxito.
Una de las competencias básicas, por tanto, para un proceso exitoso de búsqueda de empleo, recordad, es conocernos en profundidad.
Conseguir “remover nuestras tripas” pensando en qué apuestas hacer sobre un determinado camino frente a otro, es un ejercicio esencial para ir deshaciendo la incertidumbre -inevitable- de nuestro futuro laboral.

Nunca tendremos certezas sobre un futuro (lejano o próximo) pero sí tendremos una visión más real de nuestro plan de acción; conseguiremos adelantarnos a ciertos imprevistos o reaccionar con criterio frente a los conflictos que surjan en el camino.escritorio

En la INCERTIDUMBRE  del camino, permitíos elegid qué ruta escogéis; daos motivos para elegir con cabeza y corazón, y apostad por la decisión tomada.

Echar la vista atrás solo sirve para imaginar qué habría pasado si… Y estos pensamientos sobran, pesan, nos llenan de “y si(s)…” que restan valor a nuestras decisiones.

No tendremos certezas, pero daremos valor a nuestras decisiones, pondremos corazón en lo que hagamos e invertiremos nuestra cabeza en la elección que vayamos a tomar.

Hoy, para amenizar mi “regreso”, canciones de HOY 🙂 con doble dosis de energía y buen rollo -para que nos acompañe en nuestros primeros pasos del camino-

 

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